jueves, 3 de mayo de 2012

Una ciudad sin autoridades

Hace exactamente dos días este blog abordó el tema de la destrucción de La Primavera y del patrimonio arquitectónico de Guadalajara (y de paso, agrego, de casi todo Jalisco, lenta pero inexorablemente), donde señalaba que la autoridad no actuaba y que el tema de la conservación no puede hacerse desde la ausencia de ética profesional y política. Ya sabemos que hay algunos, que no faltan, que se mueven entre esos dos fuegos, que batean doble.

De manera que para darnos gusto en el razonamiento, justo para ilustrar la idea de que la corrupción es infaltable en estas tierras y que en la ciudad el desarrollo urbano se mueve a ritmo de cabaret barato, vaya aquí que otra vez le surten en plena boca al patrimonio del siglo XX de Guadalajara.

Hasta hace poco más de un año, en esa finca de la calle Lerdo de Tejada 2076, funcionaba la Escuela Superior de Arquitectura, institución privada de noble carácter en la enseñanza personalizada de la arquitectura y que ha sido un magnífico ejemplo académico de cómo formar nuevos profesionales de la arquitectura bajo esquemas responsables y éticos. En esa vieja casona de la época funcionalista de la arquitectura local, se formaron durante algunos años futuros arquitectos pero luego hubieron de cambiar su sede a otra casona en la Avenida Libertad, donde actualmente funciona. El abandono de la finca sin la Escuela se hizo presente y, en una ciudad civilizada, cualquiera imaginaría que otro uso digno habría de tener el inmueble, con adaptaciones lógicas, para seguir formando parte de esos testimonios que la ciudad de esa época señala como los más prósperos de Guadalajara. ¡Pues no!
La finca demolida desde atrás, queriendo ocultar lo evidente
El día de hoy Óscar Núñez, amigo, profesor de esa escuela y arquitecto inoculado de las lides conservacionistas (que no conservadoras, aclaro), nos hizo llegar por medio de su cuenta de Facebook la fotografía que daba claro testimonio de su destrucción y de su inminente transformación. Se dice que tiene licencia. ¡Tiene licencia la destrucción! Se dice que habrá una torre de varios pisos ahí, se dice que serán oficinas, se dice, se dice... ¿y la autoridad municipal qué nos dice a nosotros los ciudadanos?
¡Nada!
Lo grave de ese problema es que a pesar de existir reglamentos relativos a la conservación del patrimonio como el llamado del Centro Histórico y Barrios Tradicionales de Guadalajara, aprobado por el ayuntamiento a mediados de los años 90, el ayuntamiento ¡no sabe nada al respecto! Es decir,¡no cumple con sus propios reglamentos! Encima de ello, se informaba por la mañana que la Secretaría de Cultura dio luz verde al proyecto de destrucción y deformación y a la construcción de una torre de varios pisos en ella, contradiciendo los planes parciales de desarrollo urbano vigentes, pero sobre todo, escupiendo hacia arriba... pero poco les importa ahí, donde el titular gana lo mismo que un senador.
Muy grave.
Grave porque se pone en evidencia la doble cara con la que se desempeñan y sobre todo que se basan en antecedentes lamentables de deformación del patrimonio como lo fueron las casas del insigne arquitecto ingeniero Pedro Castellanos Lambley en la calle Pedro Moreno y Marsella, no destruidas pero sí deformadas a principios de los años 90 con un edificio de varios pisos encima; un proyecto hipócrita con el patrimonio pero que, en el país de las maravillas kafkianas hasta premio local recibió. 
Premio local y quizás reconocimiento como el que irá a obtener en pocos años la obra de deformación de la casa Gleason, de semejantes alcances a la anterior y como el que obtendrá esta y otras obras de deformación y destrucción más que son signos claros de la incompetencia y la estulticia más pura de esta región del país.
Pero no nos equivoquemos, estulticia de las autoridades, no de los ciudadanos que aún creen que puede hacerse mucho para, al menos, tener una ciudad un poco más digna de la que pretenden que sea la de los voraces "desarrolladores" de la ciudad.


martes, 1 de mayo de 2012

Destruir la ciudadanía, acto de gobierno

El 21 de abril se incendió el bosque de La Primavera. Pero esta desgracia que dio cuenta de alrededor de 7 mil hectáreas en casi cinco días, no fue la única de este mes que resulta ser fatal para Guadalajara y su zona metropolitana ahora que se cumplen 20 años de la explosión del colector bajo el barrio de Analco que destruyó y mató a mucha gente y que aún hoy, no hay culpables. Fue también la destrucción de dos inmuebles patrimoniales del siglo XX con toda la sospecha que debe haber, porque no es entendible que en una ciudad "moderna" un particular actúe a la luz del día en demoler edificios sin contar con una licencia y, más aún, sin ninguna limitante y como si nada. Cualquiera con ese arrojo y despliegue de recursos (camiones de material, operarios, herramientas, personal directivo), lo hace a sabiendas que el factor sorpresa para aquellos que se opusieran al acto lesivo obra a su favor, pero también que la impunidad lo cobija, que probablemente nadie lo irá a molestar y que a cambio tal vez de algunas incomodidades, al final logrará su avieso propósito.
Nubes de humo sobre la ciudad


No estamos hoy como lo estábamos en los años 70 u 80. Quizás estamos peor.
Antes se actuaba con el respaldo de algún funcionario de medio pelo (como ahora seguramente) del ayuntamiento o de la oficina de obras públicas, pero había otras condiciones, al menos había cierta vergüenza por los hechos cometidos y algunas veces hasta cortaban cabezas. Hoy no. Hoy se actúa con esa actitud de soberbia y de falsa ignorancia porque por lo regular la gente sabe (y está cansada ya de tanto blof), que al fin y al cabo en México si alguien cuenta con dinero para corromper, las cosas más imposibles o ilegales se pueden hacer.
Así que muchos ciudadanos indolentes suelen ver esos actos, como tantos otros contrarios al derecho y al buen vivir urbano, como algo "normal". Antes también pasaba, pero era un tanto bajo cierta pena por los actos ilegales cometidos y no se exhibía lo antisocial como una actitud plausible. Hoy sí, aunque no siempre en forma tan campante.
Finca del siglo XX en la calle Colonias en demolición
Uno de esos edificios es de la autoría de Pedro Castellanos, insigne arquitecto ingeniero que contribuyó en mucho a una forma de hacer arquitectura de una gran decencia formal y humana como pocos en Guadalajara. Sus formas son de gran sencillez y limpieza, de notable gracia con los elementos tradicionales y con su reelaboración formal a partir de la creatividad.
Sin embargo, insensibles ante esas obras, los destructores actúan como si nada, como si destruir aquello no importara nada porque se atienen al principio que permea en casi todos los mexicanos hoy: lo más importante es la propiedad y el deseo de activar la economía cueste lo que cueste.
Actuación ilegal de los notarios de Jalisco, en calle J.G. Zuno
Otro de los inmuebles destruidos un mes antes fue una finca protegida que en algún momento fue despacho de notarios, si no mal recuerdo del mismo Guillermo Cosío Vidaurri, y actual propiedad del Colegio de Notarios. Sí, esos mismos señores que se encargan de dar fe de los actos ciudadanos y de procurar la legalidad y el acato de las leyes del país en materia de propiedad y de actos civiles de relevancia. Los mismos que deben saber a ciencia jurídica cierta que demoler no es un acto salvaje de decisión autónoma personal, sino que se rige por leyes y reglamentos y que demoler un inmueble requiere siempre de una licencia y es un acto también jurídico. Pues no, ellos dieron muestra de cómo deben actuar los ciudadanos: le muestran el camino a otros para cometer actos ilegales. ¿Sería este ejemplo el que tomaron los demoledores de la finca en la calle Colonias y otro más en la misma calle José Guadalupe Zuno?

La propiedad privada es un derecho que se tiene pero que está regulada socialmente. Es decir, se tienen limitaciones como en toda sociedad organizada; se establecen reglamentos, leyes que permitan el disfrute de esos bienes, pero también que no afecten el derecho de terceros, de la ciudad, de la vida en sociedad de la que gozan las propiedades, en este caso dentro de zonas urbanas; es decir, pobladas por muchos ciudadanos que se verían afectados por actos que destruyeran la identidad, la belleza, la armonía de ese conjunto social material.

Ante todo esto, no ha sido el gobierno municipal el que ha enfrentado los actos ilegales de destrucción. ¡Han sido los ciudadanos! Y eso, definitivamente, habla de una ciudadanía mejor informada y más preocupada por gobernar la ciudad que el propio gobierno, solazado en recibir mordidas y sobornos para dejar hacer lo que las leyes, que tienen el encargo de vigilar, señalan. Los ciudadanos están por encima de las "autoridades", luego entonces el gobierno municipal no sirve, no atiende, es omiso y por tanto debería de renunciar, de ser reconvenido y castigado por la ciudadanía.

Pero la reflexión final no se limita a esto. Sin duda el camino tomado por los gobiernos con ideologías de liberalización, de desregulación, de abrirse para que "todo suceda", son los más destructivos para la sociedad humana. No podemos permitir que esa forma de pensar neoliberal, antisocial, esté a cargo de las ciudades ni del patrimonio: no saben responder a otra cosa que a sus propios intereses personales y a dejar hacer para cumplir con su lema oscuro que tratan de disfrazar de moderno. Ese es, sin duda, el enemigo del patrimonio urbano y a ése hay que destruir en realidad.

martes, 6 de marzo de 2012

30 años de la Plaza tapatía

Treinta años de la Plaza tapatía
Una crónica obligada

Este año se cumplió un aniversario más de una de las obras más destructivas del tejido urbano histórico de Guadalajara, Jalisco. No puede perderse de vista que Guadalajara, desde inicios de la segunda mitad del siglo XX había iniciado un proceso de destrucción de proporciones desmesuradas conducido por un personaje que, conforme pasa el tiempo, se redimensionan sus carencias y sus torpezas, sus visiones desfiguradas y su verdadera carencia de estatura: Ignacio Díaz Morales.

Bien es cierto que este personaje tuvo acciones relevantes en su vida y no podemos dejar de reconocer algunas lo pueden salvar del escarnio total. Sin embargo, la verdad es que el peso de sus errores es siempre mayor por las secuelas negativas que ha dejado. Quizás no fuera esa su intención, pero lo cierto es que legó un largo cúmulo de agravios y afectaciones culturales y urbanas. Recuerdo muy bien a un loco personaje tapatío, Gabriel Camarena y Gutiérrez de Laris, detractor de Díaz Morales hasta el cansancio, quien en su pasión por la historia denostaba al autor de la llamada Cruz de Plazas, de la Crucifixión de Guadalajara (como atinadamente llamó Salvador Díaz Berrio a la apertura de las avenidas Juárez y Alcalde-16 de Septiembre), y una lista no poco estrecha de obras urbanas y arquitectónicas de efectos negativos para el patrimonio. Gabriel Camarena dejó claro que su pasión visceral contra Díaz Morales tenía fundadas razones, en tanto que casi todas las obras de este arquitecto dejaron secuelas perniciosas e irreversibles en el urbanismo y la arquitectura locales. Yo opino casi lo mismo y vamos a explicar por qué.

Si bien no puede culparse directamente a Díaz Morales de la autoría de la Plaza tapatía (utilizo el gentilicio con minúsculas a propósito), no cabe duda que fue su magna obra urbana llamada Cruz de Plazas el antecedente inmediato; sin embargo fue él quien llegó a imaginar en su mente afiebrada de destrucción urbana (que por supuesto él creía correcta, basado en el principio de su sabiduría espontánea), lo que en su momento llamó la Gran Plaza, que uniría (sic) al majestuoso Hospicio Cabañas con el no menos extraordinario Teatro Degollado. Claro que el discurso estaba acompañado de "ese gran amor que siento por mi ciudad, Guadalajara" y otras aviesas frases del momento. Esta idea por supuesto que llevaba implícitas ganancias para él, pero que las circunstancias políticas no se lo facilitaron del todo... de momento.

La Plaza de Toros demolida


Fue durante el sexenio del gobernador Flavio Romero de Velasco cuando a algún cachorro de la Revolución, arquitecto para variar, se le ocurrió que la idea incubada por quien fuera su maestro podría redundar en pingües beneficios económicos para él y para sus allegados. Hijo del ex gobernador de Jalisco, Juan Gil Preciado, Gil Elizondo fue secretario de Desarrollo Urbano durante el mandato de Romero de Velasco, secretaría llamada entonces Dirección General de Obras Públicas del Estado de Jalisco y durante su administración se gestó lo que sería un gran negocio orquestado a partir de buenas relaciones a nivel estatal y federal que abrieron el camino para poder ejecutar la obra de proporciones megaurbanas. Desde luego que contó con apoyos de las altas esferas del estado mexicano, desde el presidente López Portillo hasta el secretario de Educación Pública, Fernando Solana Morales, quien instruyó al Director General del INAH, Gastón García Cantú, para que simplemente "dejara pasar" el asunto sin que nada ocurriera.
En el INAH en Jalisco, su entonces director Gonzalo Villa Chávez, llevó el proyecto que se pretendía hacer a García Cantú para señalarle lo improcedente del caso, de sus consecuencias para el patrimonio. El director general del INAH simplemente nos dijo: "-¿Ya se iniciaron las demoliciones? -No, profesor, pero todo lo que está ahí de valor histórico se demolerá en breve. -¡Pues no podemos hacer nada hasta que comiencen las demoliciones!". Y así, encerrado en su clásica actitud, don Gastón no dio más respuesta ni apoyo. Las protestas sociales fueron amplias aunque poco conocidas; los periódicos locales de la época poca cuenta dan de ello, sobre todo porque en esos años no daban voz a la disidencia. Sin embargo, algunos aparecieron denostando las obras, por lo menos uno de quien esto escribe, aparecido en Uno mas Uno, de la Ciudad de México, en mayo de 1980.

Claro, en esos momentos México descubrió que tenía más petróleo que el esperado, que había una jauja tal que incluso el presidente de la república nos pidió que nos "acostumbráramos a administrar la riqueza". Así que los recursos no mermaron ni hubo que enfrentar limitaciones presupuestales. No obstante poco después la realidad nos alcanzaría con una devaluación monetaria impresionante. Lógicamente la obra iniciada sufriría las consecuencias, no así por supuesto, las ganancias de quienes en eso estaban.

Lo demás fue historia. Al inicio de las demoliciones se volvió a intentar detener, pero ya había "anuencia superior", negociación en lo oscurito, para que la masacre comenzara. El silencio del INAH se negoció también con algunas migajas como fue en su momento la dadivosa edición de la Historia de Jalisco, obra en varios tomos de muchos conocida. Otra negociación se abrió para conservar algunos inmuebles relevantes de la zona, que no eran pocos; una vez seleccionados dichos edificios y para evitar que saltara la liebre, se le ofreció la ejecución de proyectos de conservación de algunos de ellos al entonces presidente del ICOMOS mexicano, Carlos Flores Marini. Sin embargo, poco después reinó un silencio en ICOMOS: el proyecto de "restauración" del Hospicio Cabañas, fue encargado a Flores Marini y... ¿los monumentos por conservar?... ups! se le pasó la mano al demoledor... La Universidad de Guadalajara, por su parte, negociaba con el gobierno del estado, la demolición de la Escuela de Música que finalmente ocurrió, sin que nadie dijera nada, excepto, claro, algunas organizaciones sociales y académicas marginales.


Las obras no se detuvieron con la crisis, pero debieron limitar sus alcances sobre todo en materia de economía de materiales, proyectos y otras cosas consideradas menores, pero que hicieron posible que se levantaran cajones mediocres y sandeces arquitectónicas de proporciones inauditas. Se levantaron pisos y se envolvieron en fachadas inventadas sobre las rodillas del constructor con imágenes pavorosas de un estilo filo musilinianas, neo hitlerianas y de estilos de la especie. Posteriormente, luego del sismo del 85, hubo necesidad de reforzar todas las delgadas columnas de los flamantes edificios (recuérdese la economía de materiales), para atender una imperativo normativo de esos años. Hasta pretendieron inventar el hilo negro de la estética más cursi: los llamados en su momento fugaz de vida, arcotoldos. Sí, arcotoldos, que era una receta sacada de la manga para hacer una especie de engendro entre toldo, marquesina y en forma de arco... para variar.

Las protestas y la crítica que se hizo en algún momento, simplemente se dejaron correr, se dispersaron y con un manejo eficaz del poder se fueron diluyendo poco a poco... El daño ya estaba hecho, de un plumazo y con buenas gestiones aquello simplemente se fraguó como si nada. El discurso político del gobernador Romero de Velasco llegó a ser indignante, siguiendo un poco las palabras de Díaz Morales: "El proyecto de la plaza es una mano amiga que se extiende al oriente olvidado de la ciudad..."

Recientemente, con motivo del aniversario 30 de la Plaza, aniversario que podría ser luctuoso en realidad, se ha promovido cierta revisión del tema. Por supuesto que fue una obra muy importante; que fue un hito en la traumática historia del patrimonio local; que transformó la estructura urbana y que significó un golpe identitario para muchos en ella, sobre todo para aquellos sin voz, sin acceso a la réplica: los usuarios de esa zona empobrecida y de trabajadores de la zona del mercado. Todo eso es pertinente analizarlo y tratar de entenderlo. Bajo tal pretexto se llevó a cabo una mesa redonda en el Centro para la Cultura Arquitectónica y Urbana, denominada Plaza Tapatía: 30 años. Perspectivas de ayer y hoy, en donde participaron Mónica del Arenal, José Palacios, José Pliego y Guillermo Gómez Sustaita. Tuve la desgracia de no poder asistir, pero al menos escuché en Señales de Humo de Radio Universidad de Guadalajara, que conduce Alfredo Sánchez, la entrevista a los organizadores. En ella se habló de la necesaria revisión de los temas urbanos que obligadamente genera la Plaza tapatía y de hacerlo en un aniversario redondo. Me dio la impresión de que quien organizaba esa mesa redonda se atenía a la candidez de algunos incautos radioescuchas porque se dijo -poco más o menos- que en aquellos tiempos no había la crítica de hoy, el interés por el patrimonio de la actualidad y que nadie había cuestionado el proyecto. Se decía que la plaza tiene ciertas bondades y que a pesar de todo está ahí.

Por supuesto que está ahí, es innegable; pero tratar de rescatar lo irredento es en verdad una acción temeraria. No encuentro en nada digno del nombre de arquitectura o de acciones urbanas loables lo hecho ahí. Y no lo digo sólo por el innegable disgusto que tengo por esa obra, visceral o razonable, sino porque no he visto a nadie que en su sano juicio pueda hoy, ni por asomo, hacer un recuento positivo de ese hecho. Algunas cosas se han dado necesariamente, como el uso social de los espacios. Pero no se puede negar que lo son luego de muchas décadas de no serlo, de ser una carga social y aportar poco, muy poco a la ciudad y su centro, al que sí deformó con esas hórridas fachadas de la avenida Hidalgo, por citar un caso. La pobreza estética del concepto, de las fachadas de mentiras, la vulgaridad de las escalas de los edificios para su entorno, la dolosa actitud de la distribución de los espacios (reducidos y peligrosos rincones que ni la trama original de la ciudad a la que "modernizaron" tenía), el galimatías denominado "arcotoldo" que acabó en un mal chiste... y un largo etcétera de pifias y malhechuras. Por ningún lado encuentro otra reflexión en la Plaza tapatía que no sea el triste episodio que significa pero peor aún, que hoy, a treinta años de hecha, se desperdicie la oportunidad de señalarla como algo que no se debe volver a repetir en ninguna ciudad y menos en Guadalajara. Pero me temo que no hemos aprendido la lección. En sus inmediaciones se cocina ya otra réplica de tan nefasta historia.

lunes, 30 de enero de 2012

La SOPA y su rechazo

Este blog se torna complicado. Algunas opiniones se iniciarán a partir de ahora a través de cambios que Blogger ha iniciado y que aún cuesta trabajo entender. 
Mientras se inicia como se debe el año, les dejo el adelanto de que el próximo tema a abordar será la ley SOPA y la ACTA, temas de lo más hipócritas que hay por los días que corren.

martes, 20 de diciembre de 2011

Cómo joder una ciudad


No estoy tan seguro que haya muchos lugares en el mundo en donde la estulticia se aplique de manera tan realista como en Guadalajara, México. Desde la fundación de la ciudad, sus habitantes habían sobrevivido en forma más o menos somnolienta, tranquila, pausada, con enorme dignidad, con esa pausa que la lejanía de los vendavales hace que las ciudades apenas manifiesten su vida al mundo entero que las rodea. Pero cuando apareció el deseo innatural de intentar ser modernos (ser otros, al fin), ser el foco de las miradas externas, ser la "perla de occidente" o
la "ciudad de las rosas", creo que a partir de entonces la cosa se jodió. Se jodió porque apareció una aspiración innoble de querer ser lo que no se es; un afán por pertenecer a un mundo que no existe; una ceguera llamada urbanismo "moderno" que llegó de la mano de dos personajes que deberían ser considerados los verdugos de la ciudad de Guadalajara de Indias fundada en 1542 en el Valle de Atemajac.

El primer verdugo fue un gobernante convencido de querer la modernización de la ciudad: tenía una idea de modernidad muy de su época, es decir, creía que en la medida que la ciudad se semejara a las grandes urbes reconocibles del mundo, en la medida que las imitara en forma subalterna, en esa medida sería una ciudad digna de ese nombre. Ese gobernante se llamó Jesús González Gallo. Pero él sólo era político, esto es, sólo podía poner por delante la contundencia de sus decisiones, su poder de decisión por encima de cualquier cosa. Así que mal aconsejado (o bien aconsejado, depende cómo lo vean), se hizo asesorar por un arquitecto que con muy buenas intenciones, pero con una mente muy limitada, le indujo a decidir sobre cómo destruir la ciudad. Ese arquitecto, en realidad ingeniero, era Ignacio Díaz Morales, a quien el
gobernante dio fiat para que hiciera lo que se viniera en gana y el único problema es que en ello se equivocó de manera fatal.

Entre las cosas que hizo Díaz Morales fue la fundación de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara, universidad pública local. Esa no es una de las cosas cuestionables de su vida. Pero también se dedicó a asesorar en materia urbana al gobernador González, a quien convenció de demoler las antiguas calles del centro de la ciudad para ampliar las calles y darle paso a su majestad el automóvil: así, se abrieron (como una operación quirúrgica digna del doctor Frankestein), la Avenida Juárez-Mina y las avenidas Alcalde-16 de Septiembre. Pero no sólo eso, además se ampliaron muchas otras y, encima de todo, la cereza del pastel de la orgía urbanística, se construyó la Cruz de Plazas (1945-1948), que consistió en la creación de espacios abiertos que, vistos desde un helicóptero (entonces no existían en México sino quizás unos cuantos), podrían simular la forma de una cruz, ese "símbolo con el que venceremos", el signo de la sociedad católica tapatía.


Luego vinieron los émulos de las geniales ideas de Díaz Morales, los autores (y cachorros de la Revolución), de la Plaza Tapatía (1979-1981) que, inspirada por el mismo cretino de Díaz Morales, inició la destrucción de edificios y tejido urbano de manera verdaderamente ridícula: replicaba el ejemplo de la Cruz de Plazas con sus destrucciones y falta total de respeto por el pasado digno de la ciudad, y asimismo "modernizaba" a la ciudad de su atrasado pasado lleno de monumentos históricos y de calles fundacionales. En el discurso de los nuevos urbanistas, estaba, desde luego, el argumento de la paternidad del genio del urbanismo, Díaz Morales, quien regresando de Europa en su viaje para enganchar arquitectos que quisieran venir a Guadalajara a fundar una escuela de arquitectura, descubrió que no había mejor urbanismo que el bombardeo de las ciudades, como el que presenció en la recién bombardeada Europa de la Posguerra. Esa receta, la de la destrucción, la aplicó el egregio Díaz Morales pero sin blitz ni declaraciones de guerra innecesarias. La destrucción fue la que él mismo llevó a cabo a punta de pico y marro. De ella surgió la ciudad "nueva", con grandes avenidas, plazas y modernos edificios (algunos de ellos asignados a su despacho profesional, claro, porque no había muchos arquitectos competentes en la ciudad), y por supuesto, con los sueños por delante.

Los sueños (o las pesadillas), se concretaron desde entonces. Luego siguieron otras linduras urbanísticas, promocionadas por los herederos de las fortunas y las glorias de aquellos tiempos. Entre ellas, la fallida (¡qué lástima!), Villa Panamericana en las inmediaciones de La Alameda, la vieja isla del Río San Juan de Dios, que pretendía continuar la más pura tradición de la estupidez a la manera ahora recargada, (como se dice, reloaded), de las aventuras urbanas de los 40's y 50's del siglo pasado. Petersen el presidente municipal, y Palomar, el inteligente promotor de ese proyecto de destrucción se dieron cita puntual para lograr lo que hoy por fin es: una bella suma de lotes baldíos en espera de gente con ideas que puedan llenarlos y resolver el problema que los baldíos provocan en la ciudad, como una boca sin dientes. De seguro habrá inversionistas voraces esperando la oportunidad, pero de nuevo la actitud ratonera local mostrará con gran claridad lo que el espíritu tapatío no ha podido cuajar en casi ya un siglo de mediocridades.

No obstante todas las desgracias, en los últimos años, no más de cinco, han surgido organizaciones sociales que son producto del hartazgo en que la incapacidad de los gobernantes locales frente a los retos de la ciudad nos han sumido. Ciudad para todos, Asamblea de Colonias y muchas otras que buscan neutralizar la incapacidad de hacer ciudad de los gobernantes y burócratas actuales. Por lo menos, esperanzas hay.

lunes, 24 de octubre de 2011

Barcelona en traje de noche



Llegar a una ciudad a la que a pesar de haberla visitado antes, aún se desconocen resquicios y ubicaciones laberínticas propias de
quien la vive cotidianamente, no deja de ser frustrante. Pero cuando es posible encontrar todas las delicias que nuestra amiga Arabella nos mostró sin ningún recato ni falso pudor, la experiencia resulta única. Son las pequeñas cosas y la comida con una buena charla el preámbulo para una ciudad. Siempre.

De pronto la realidad había cambiado como sucede cuando uno se transporta a lugares lejanos; de pronto las cosas eran notablemente distintas, claro, pero de inmediato estábamos con amigos, como caídos en blandito, sin problemas. Pero lo más interesante, con perdón de Gaudí, fue sin lugar a dudas, la rica parada gastronómica en La Paradeta. Como se lo he dicho a mi amiga, que suele mostrar fotos de cosas realmente exquisitas en su blog, esos sitios de perdición son terribles, particularmente en Cataluña, tierra donde la comida parece que se reserva, todos los días, como un placer obligado. Una filosofía trascendente: la vida y la felicidad son para vivirlas todos los días... si no, no tiene sentido vivirla.
Barcelona es para vivirla intensamente. Es realmente cosmopolita, amable y como pocas suelen serlo, agradable para transitarla. No estoy seguro que haya muchas ciudades así. Claro, cada una es diferente, cada una tiene algo para cada quien. Pero en el caso de Barcelona, hay algo que va más allá de ese contacto ajeno; más refrescante porque se ve a la gente contenta a pesar de todos los pesares que ahora mismo vive el país, en jauja a comparación de México, y eso que los chinos compraron la deuda española. ¿No estamos en un mundo realmente pavoroso, pero al mismo tiempo alucinante?

Es un buen tiempo de la ciudad... aunque los tiempos modernos no auguran un futuro muy promisorio para el planeta, creo que si alguna ciudad puede salir de los escollos del desastre será sin duda esta. ¿Por qué? Porque tienen sus habitantes un sentido que me parece muy similar al de los cubanos: la solidaridad, aunque esté escondida, existe y se alcanza a notar. Creo sinceramente que la ciudad y el planeta así tienen remedio. Ojalá que haya esperanza y los catalanes nos la hagan ver.

No se puede decir mucho de la ciudad por ahora, pero a pesar de esta breve pasada, sigue siendo para mí una de las más alucinantes del mundo. Y no temo equivocarme en absoluto.


lunes, 12 de septiembre de 2011

Corrupción filtrante

Hay instituciones que cualquiera imaginaría se mantienen alejadas de la perversión terrible que permea en nuestra sociedad por los tiempos de corrupción que corren. Sobre todo las instituciones emblemáticas del país, producto de los más nobles intereses por formar un país digno de sí y de lo que representa en el mundo que lo rodea y la cultura que ha producido como algo digno de conservarse. Sin embargo, parece que nada se salva de la podredumbre, parece que nada sale limpio de este cruce por el lodazal de la historia de México.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia, pasa por la misma crisis del país, cuando en el pasado sus crisis eran no otras que presupuestales o por falta de otros recursos, pero no desde el fondo de su estructura, no desde el corazón de la organización que ha posibilitado la lectura de lo nacional con miras a convertirse en universal. Eso puede explicarse en un país presidido por personajes usurpadores, por políticos de poca monta, por funcionarios amateurs que demuestran su incapacidad y torpeza a cada momento, ante la más mínima provocación. Eso ya era sabio o por lo menos entendido, desde que inició el siglo XXI bajo la égida política del panismo, un partido de derecha y ultra derecha, que sólo ha tenido principios pero nunca fines, nunca logros, nunca concreciones reales de la parafernalia en que consistió su "filosofía" rastacuera, conservadora y vacua como hoy se hace evidente. No se puede negar que hubo posturas valientes en algún momento de su historia, pero son aisladas, acotadas, limitadas. En la realidad, sólo hubo discurso, no fondo, en la ideología panista.

Pero uno nunca imaginaría que no sólo las instituciones nacionales, sino también las internacionales representadas en México, se vieran penetradas por las peores prácticas de la política y la gestión de diversos temas de interés social estuvieran bajo el punto de vista de intereses mezquinos y muy particulares.

En abril de este año, el INAH en Jalisco emitió un dictamen sobre el patrimonio histórico urbano de la población de Temacapulín, pueblo que desaparecería en caso de que se construyera la presa El Zapotillo, a la que los habitantes de esa y otras dos poblaciones también amenazadas por la inundación, Acasico y Palmarejo, se han opuesto de manera firme y valiente. Las conclusiones de ese dictamen eran que el patrimonio ahí existente es relevante y digno de ser conservado; que contiene elementos importantes para poder explicar la historia de la región y que es testimonio de actos relevantes ya citados desde el siglo XVI, en la conquista del territorio, pero también en la defensa de éste por el jefe insurrecto Francisco Tenamaztle, quien murió en España, encarcelado, luego de un juicio en donde se defendió en forma inédita entonces, asesorado por nada menos que por el gran humanista Fray Bartolomé de las Casas. El dictamen señalaba lo que se perdería en caso de construir esa presa y los efectos negativos de esa pérdida.

Sobra decir que el dictamen no gustó, obviamente, a las autoridades de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), porque evidentemente ya esa instancia ha iniciado, a pesar de los amparos y a pesar de las disputas y omisiones técnicas y legales, la construcción de la presa.

Por esa razón, la Conagua señaló al INAH que no estaba de acuerdo con el dictamen, porque en realidad lo que querían y esperaban, era un dictamen a modo, cómplice de la destrucción, que dijera que el patrimonio ahí existente no valía un cacahuate y por lo tanto se podía destruir sin ningún miramiento. Esto, viniendo de una instancia encargada del agua del país, resulta ser una invasión de atribuciones y es ordenar a otra instancia del gobierno federal cómo debe hacer su trabajo. Sobra aquí invocar a la lógica y a la ley: Conagua hace con ellas lo que le place.
Lo interesante es que Conagua recurrió al INAH para decir que cambiaran el dictamen para hacerlo de su gusto y, lo sorprendente, es que el INAH, a través de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos (CNMH), llevó a cabo una especie de comentario de dictamen, que en realidad lo denominan "dictamen", que se plegaba a lo que le ordenaba no la Ley Federal de Monumentos, sino a lo que deseaba la patrona suya, la Conagua. Lo que en realidad hicieron quienes elaboraron ese "dictamen", fue un refrito del primer, con modificaciones (o quizás más bien con sofismas), que dejan ver con claridad la escasa inteligencia de los redactores y la puntual genuflexia ante las autoridades de la Comisión Nacional del Agua, promotora del negocio (perdón, de la obra de la presa), y por tanto la posición del INAH ante las órdenes de una instancia del gobierno federal que le pide, (¡oh, Lógica, where are thou?), que le dé la ¡licencia para construir una presa al organismo encargado de proteger el patrimonio cultural! Ésa es la pifia que contiene el dictamen de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH, dar licencia para construir una presa y no dictaminar, sino comentar otro dictamen.

Este segundo "dictamen", apareció sin ninguna discusión, sin mediar inspecciones, visitas al lugar, valoración de datos y, sobra decirlo, sin vergüenza.

Por iniciativa del Comité nacional del sindicato de arquitectos del INAH, se convocó a una reunión para la discusión del segundo dictamen; en esa reunión las autoridades el INAH señalaron dos cosas muy importantes: que el patrimonio ahí existente, ¡no era importante porque hay cosas iguales y mejores en los Altos de Jalisco! y además, de que ya se había consultado con el ICOMOS y que ése organismo internacional ¡había estado de acuerdo!

Conociendo bien a la Presidenta nacional del ICOMOS Mexicano, Olga Orive Belinguer, el dato me sorprendió porque ello denotaba una impostura del organismo internacional representado en México. Por esa razón, cuando me encontré a Olga hace poco en una reunión sobre temas de conservación en Zacatecas en agosto pasado, me atreví a confesarle que me había extrañado la postura del ICOMOS ante el tema de el Zapotillo. Su respuesta fue, además de airada, muy clara: ¡no fue el Comité mexicano el que fijó esa postura! Fueron dos o tres miembros del ICOMOS que sienten y creen que sus opiniones personales son las de ICOMOS, un comité nacional acuerda como tal, no individualmente. Ahí está el caso del palacio de Bellas Artes; están actuando al margen del Consejo.

La corrupción y la desvergüenza se van filtrando hasta contaminar todo lo que tocan. Así las cosas, parece que ni siquiera por instancias internacionales tenemos una luz al final del túnel. Las complicidades están hoy a la orden del día, sobre todo tratándose de temas que exigirían una respuesta ética y de gran responsabilidad para el país, particularmente tratándose del patrimonio. Ahora, ni el patrimonio sale librado de la crisis que se ha adueñado de México en los últimos 12 años... ¡a ver hasta cuando aguantamos!


Nota: el título de esta entrada tiene un vínculo a un video en donde se explica la situación técnica de la presa. Asimismo hay algunos vínculos a notas de prensa relativos al tema.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Libertad a Rocío Moreno!!

No es nuevo lo que pasa ahora con Rocío Moreno, una estudiante de Mezcala en la Universidad de Guadalajara que ha sido detenida con abuso y con engaños. No es nuevo, porque la represión no ha cesado desde hace años y ahora parece incrementarse en momentos en que México vive en el filo de de la navaja, un país castigado por sus políticos veniales, por sus empresarios voraces, por la corrupción generalizada y ahora por la represión que parece sumarse a la inseguridad, al desempleo y a la pérdida de toda esperanza en un futuro para nuestros hijos.
Conozco a Rocío porque la he visitado en su pueblo, en Mezcala, a la orilla del lago de Chapala, entregada a la actividad más generosa que los seres humanos podemos tener en la vida: el apoyo y la defensa de su comunidad. Una comunidad tradicionalmente luchadora por las mejores causas, desde el levantamiento de sus habitantes en apoyo a la lucha independentista de Hidalgo, a principios del siglo XIX, cuando se alzaron y establecieron en lo que yo he querido llamar el "primer territorio libre de la Nueva España", en comparación con esa otra isla entrañable que es Cuba, cuando se alejó de la simulación pseudo democrática para buscar su destino propio, difícil pero digno y amoroso de su gente; y luego resistente al voraz saqueo de las tierras comunales, opuesto al desmantelamiento de la unidad de una sociedad fundada en la tradición de los más antiguos habitantes de este continente.
Rocío me recuerda que algo debe haber en su apellido que se asocia con las mejores causas de este país. Ella, lo mismo que el gran luchador que fue el profesor Hilario Moreno en los años 40 a 60 del siglo pasado, nos dan la nota de esperanza para todos nosotros deseosos de un mejor país, de una sociedad justa y digna.
Desde este espacio me uno al apoyo que seguro surgirá para Rocío en estos días. Me uno y me dejo llamar por todos lo que quieran hacer algo, por poco, que contribuya a detener un estado de cosas en México que nunca antes se había vivido. Alto a la represión y libertad a Rocío.
A continuación una comunicación recibida hoy sobre el tema. Por favor compártanla, distribúyanla y apoyen a Rocío.


Rocío Moreno, estudiante de la maestría en Historia de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y representante de la Asamblea de Comuneros de Mezcala de la Asunción, municipio de Poncitlán, Jalisco, fue detenida mediante engaños el martes 6 de septiembre a las 18:00 horas en la puerta del diario Milenio Jalisco.
Rocío Moreno llegó al diario Milenio Jalisco luego de que una persona, que se hizo pasar como miembro de la redacción de … dicho periódico, la convocara a las instalaciones del rotativo.
Coincidentemente la misma persona que convocó a Rocío Moreno a las instalaciones del diario Milenio Jalisco “avisó” a la policía investigadora de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Jalisco (PGJEJ) de que estaría en dicho lugar. Fue así como la policía la detuvo argumentando que había una orden de aprehensión emitida por el juez de primera instancia de Ocotlán, Jalisco derivada de una denuncia penal por daños a las cosas promovida por Crescenciano Santana, quien denunció el desmontaje de un panel solar el pasado 10 de abril. ES importante resaltar que dicho panel estaba en terrenos comunales, por lo que en decisión soberana los comuneros decidieron retirarlo; la policía municipal de Poncitlán atestiguó los hechos y posteriormente se llevaron dicha estructura.
Además del burdo engaño que propició su detención, la aprehensión de Rocío Moreno está plagada de varias irregularidades, entre otras que la estudiante de maestría y representante comunal, no se encontraba en Mezcala el día de los hechos denunciados sino en la ciudad de Guadalajara.
No por coincidencia, su burda detención se da a menos de un mes de que las autoridades agrarias emitan la sentencia definitiva sobre los derechos que tiene la comunidad de Mezcala sobre su territorio. Nos parece claro que esta detención es un montaje que busca provocar y distraer para retrasar la aplicación de la justicia a favor de la comunidad.
Quienes firmamos esta acción urgente para exigir la liberación inmediata libre de cargos de Rocío Moreno no tenemos duda que se trata de un montaje y una represión directa en contra de una dirigente respetada por la comunidad de Mezcala, y quien se ha destacado por la defensa de su territorio y por la lucha en contra de la invasión de terrenos que desde hace diez años ha realizado el empresario tapatío Guillermo Moreno Ibarra. Toda la población de Mezcala conoce que el supuesto comunero Crescenciano Santana es en realidad un prestanombre de Guillermo Moreno.
Denunciamos además que pesan órdenes de aprehensión en contra de otros trece comuneros derivadas de la misma denuncia presentada por el prestanombre del invasor Guillermo Moreno.
La burda detención de Rocío Moreno hace pensar que el juez que emitió la orden de aprehensión y los agentes de la PGJEJ que la detuvieron actúan como personeros del invasor Guillermo Moreno.
Llamamos al presidente del Poder Judicial, Celso Rodríguez González, al procurador del estado Tomás Coronado Olmos y a su jefe, el gobernador Emilio González Márquez, a demostrar que no están actuando a favor de un invasor de territorio comunal que ha sido denunciado desde hace diez años y que, en cambio, están a favor de la legalidad y la aplicación de la justicia.
Si es así, Rocío Moreno debe salir de inmediato libre de cargos, y se debe hacer justicia a la comunidad de Mezcala restituyéndole los terrenos que le han sido invadidos desde hace una década.
Exhortamos a los sujetos, colectivos, grupos civiles, redes de derechos humanos y defensores de la justicia a pronunciarse a favor de la liberación de Rocío Moreno, quien es en este momento una presa política por defender los derechos de su comunidad.
Si estás de acuerdo con este llamado, por favor envía correos electrónicos o haz llamadas telefónicas a los siguientes servidores:

Celso Rodríguez González
Presidente del Poder Judicial de Jalisco
Correo electrónico: presisti@prodigy.net.mx
Teléfonos: 1200 1400 1200 1500

Tomás Coronado Olmos
Procurador de Justicia del estado de Jalisco
Correo electrónico: tomas.coronado@jalisco.gob.mx
Teléfono: 3837 6000

Emilio González Márquez
Gobernador del estado de Jalisco
emilio.gonzalez@jalisco.gob.mx
Teléfono: 52 (33) 3030 – 4800